Un día agradecí profundamente la avalancha de personas que solicitaban ser amigos míos del Facebook, después comprendí que con una gran mayoría no me unía absolutamente nada y más tarde aún entendí que ni siquiera hablábamos el mismo idioma. Pero tal vez por vergüenza, desidia, abandono, no borré o eliminé a nadie. Hoy estoy pensando limpiar, qué palabra más fea, el Listado de Amigos, que palabra más bonita y solo dejar aquellos que nos gustan las mismas cosas y disfrutamos con cosas sencillas. Ya os informaré...

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