Tampoco es necesario exagerar, pero antes, en Salobreña, cada vecino cuidaba su casa, su fachada, su pedacito de acera como si fuera un altar y así lucía de hermoso el pueblo. Daba alegría verlo. Los ayuntamientos, ya lo he dicho muchas veces, debieran fomentar la belleza de cada casa con incentivos en el IBI y otros premios y nosotros tomar conciencia de que cada rincón es un trozo de un todo...

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