AQUÍ OS PRESENTO A MI NOVIO
Un prelado del Vaticano declara su homosexualidad y presenta a su novio, Eduardo y catalán para más señas. El cura polaco y de nombre casi impronunciable, es un teólogo de 43 años, la presentación ha tenido lugar en la víspera de la inauguración del Sínodo de los Obispos sobre la Familia.
Un olé por él, por salir del armario y decirlo, no como muchos curas reprimidos que no dicen nada y abusan de menores por ejemplo, lo que nos pasó aquí en Granada... con los Romanones, amparados por las altas autoridades eclesiásticas y con sus causas sobreseídas por prescribir los delitos de abusos a menores.
La declaración rotunda de monseñor Charamsa enfrenta al papa Francisco en particular y a la Iglesia católica en general a una realidad que siguen empeñándose en no ver.
“Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy”, asegura el prelado, un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de la propia identidad. Estoy dispuesto a pagar las consecuencias, pero es el momento de que la Iglesia abra los ojos frente a los gais creyentes y entienda que la solución que propone para ellos, la abstinencia total de la vida de amor, es deshumana.
Desde hace muchos años me pregunto porque ignoran el texto Bíblico escrito en el Génesis: no es bueno que el hombre este solo, le haré ayuda idónea.
La Iglesia católica sigue estando de espaldas a la realidad, de ahí que las Iglesias cada día permanezcan más vacías y los fieles anden un tanto desvariados, sin saber a qué atenerse. De un lado, el bueno y revolucionario Papa Francisco, que cada día pronuncia palabras más acordes con la vida mundana…”quien soy yo para juzgar a un gay” y sin embargo las autoridades vaticanas fieles a su tradición siguen cerradas y homofobas.
Hora va siendo ya que la Iglesia se abra a los niños, a los jóvenes, a los adultos y en definitiva a la sociedad que vivimos, ya pasó la época de la inquisición y de las mentiras y oscurantismos. Abran pues las ventanas que entre aire fresco en todos los salones y salitas vaticanas.
Que ser homosexual no es delito, ni tampoco pecado; sin embargo el abuso de menores sí que es delito y grave, que debiera estar penado perseguido por toda la curia, por toda la sociedad y por todos nosotros.
Un prelado del Vaticano declara su homosexualidad y presenta a su novio, Eduardo y catalán para más señas. El cura polaco y de nombre casi impronunciable, es un teólogo de 43 años, la presentación ha tenido lugar en la víspera de la inauguración del Sínodo de los Obispos sobre la Familia.
Un olé por él, por salir del armario y decirlo, no como muchos curas reprimidos que no dicen nada y abusan de menores por ejemplo, lo que nos pasó aquí en Granada... con los Romanones, amparados por las altas autoridades eclesiásticas y con sus causas sobreseídas por prescribir los delitos de abusos a menores.
La declaración rotunda de monseñor Charamsa enfrenta al papa Francisco en particular y a la Iglesia católica en general a una realidad que siguen empeñándose en no ver.
“Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy”, asegura el prelado, un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de la propia identidad. Estoy dispuesto a pagar las consecuencias, pero es el momento de que la Iglesia abra los ojos frente a los gais creyentes y entienda que la solución que propone para ellos, la abstinencia total de la vida de amor, es deshumana.
Desde hace muchos años me pregunto porque ignoran el texto Bíblico escrito en el Génesis: no es bueno que el hombre este solo, le haré ayuda idónea.
La Iglesia católica sigue estando de espaldas a la realidad, de ahí que las Iglesias cada día permanezcan más vacías y los fieles anden un tanto desvariados, sin saber a qué atenerse. De un lado, el bueno y revolucionario Papa Francisco, que cada día pronuncia palabras más acordes con la vida mundana…”quien soy yo para juzgar a un gay” y sin embargo las autoridades vaticanas fieles a su tradición siguen cerradas y homofobas.
Hora va siendo ya que la Iglesia se abra a los niños, a los jóvenes, a los adultos y en definitiva a la sociedad que vivimos, ya pasó la época de la inquisición y de las mentiras y oscurantismos. Abran pues las ventanas que entre aire fresco en todos los salones y salitas vaticanas.
Que ser homosexual no es delito, ni tampoco pecado; sin embargo el abuso de menores sí que es delito y grave, que debiera estar penado perseguido por toda la curia, por toda la sociedad y por todos nosotros.

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