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domingo, 14 de agosto de 2016

Esta foto me ha enternecido mucho pues me recuerda los interminables veranos de Salobreña, siempre sabías cuando empezaba, al acabar la escuela, pero después se prolongaban hasta el veranillo de San Miguel y los membrillos. El tiempo transcurría lentamente y la playa estaba buenísima, días de levante, días de poniente y siempre las mismas caras, de ahí que cuando llegaba alguien, siempre sabías que era forastero.
Juegos de pilla, tirarte del picachillo y los primeros flotado...res de corcho, que te enfajaban y parecías un robot cuando se llenaban de agua y pesaban una barbaridad.
Aquellos bañadores meyba descoloridos ya de una año para otro y con la goma gastada y el pernil amplio, para enseñar no sé qué, pues había bien poco.
Entonces no había cuerpos danone, entre otras cosas, porque no comíamos ese producto; estaba el gordito y los demás, yo siempre fui de los demás, tirando para esmirriado.
Verano, dulce verano de infancia en mi pueblo!

PD. La foto es de la colección recuperando la Historia de Motril

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