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domingo, 14 de agosto de 2016

CARTA DE MARIANO RAJOY
El otro día, tomando un vino en la taberna con mi amigo Pepe, recordamos cuando el Presidente del Gobierno, sí sí el Presidente tuvo el poco gusto de enviarme una carta con motivo de las Elecciones de junio, en las que se dirigía a mi como “estimado amigo”. Es por ello que he decidido contestarle, a pesar del tiempo transcurrido, pues para eso aún no hemos perdido la educación.
Señor Presidente… quiero que sepa unas consideraciones al respecto.
¿Cóm...o tiene usted la poca vergüenza de tratarme como amigo? Acaso no sabe lo que significa la palabra amistad.
Usted cree que a una persona que se le ha quitado la ayuda que recibía por una minusvalía o al funcionario que ha congelado sus salario y quitado su paga extra o al trabajador que han despedido con un abrazo como indemnización, o al enfermo que tiene que esperar meses para una prueba o intervención quirúrgica, o al estudiante que no puede continuar con su preparación por la falta de becas y así un largo etc. De recortes y de derechos, ¿se puede considerar usted como amigo mío?
Sepa que a lo que usted llama esfuerzos, los ciudadanos lo llamamos hambre, miseria, falta de oportunidades e incluso muerte.
Que después de tantos años haya tenido que sobrevivir al desencanto de mis sueños juveniles en medio de una realidad donde el verdadero gobernante es el poder del dinero. A disgusto he tenido que admitir esa tiranía y renunciar a buena parte de mis utopías que atesoraba cuando llegué a Granada procedente de mi pueblo Salobreña.
Hasta mi familia me dice lo mucho que me meto en política, pero la verdad sea dicha es que me es muy difícil abstraerme de personas y personajes como usted, que lo único que hacen es complicarme la vida un poco más de lo complicada que ya es de por sí.
A golpes con la realidad he tenido que ir curándome de las patologías de las izquierdas y de las derechas, del infantilismo de una y el dogmatismo autoritario de la otra. Ya no saben ustedes como joderme aun un poco más, pues como jubilado que soy juegan con mi pensión, mis medicamentos y mis ganas de vivir, pero eso sí que no han podido quitarme las ganas de seguir soñando por un mundo mejor y sin desigualdades.
Por todo esto le aconsejo que la próxima vez que se quiera dirigir a mí, no lo haga como amigo, pues si usted no quiere que yo le ofenda, no me ofenda usted a mí.

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