Ahí lo tenéis, su majestad el Picachillo. Los chavales apenas reparan en el, pues es muy pequeño, pero para mi era el Mont Blanc. Ahora sigo esperando algún día poder tirarme de cabeza, aunque pienso que la barriga que tengo tocaría agua antes.
Los valientes se siguen tirando del Estribo y la Bola. Mientras a mi espalda se oyen lenguas extrañas, ya no vienen a merendar del pueblo, estos son de más lejos. Salobreña ha cambiado, pero el Picachillo sigue esperándome!
Los valientes se siguen tirando del Estribo y la Bola. Mientras a mi espalda se oyen lenguas extrañas, ya no vienen a merendar del pueblo, estos son de más lejos. Salobreña ha cambiado, pero el Picachillo sigue esperándome!

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