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jueves, 6 de julio de 2017

APRENDER A NADAR
La natación es una habilidad del ser humano que consiste en poder flotar al estar sumergido en cualquier cuerpo de agua, llámese rio, mar, laguna o alberca, y poder desplazarse en cualquier sentido de libre elección utilizando las manos, los brazos y las piernas.
Pues bien, éste que escribe, que ha nacido casi a orilla del mar, tardé bastante tiempo en aprender a nadar y poder flotar medianamente sin hundirme en las profundidades del océano. Aun recuerdo aquellos días en que bajaba a la Huerta de Andrés Díaz e intentaba nadar en la alberca que tenían en el jardín, era pequeñita, tan pequeña que medía 2 metros y medio de larga, pero para mí siempre me pareció una piscina olímpica.
Sin embargo en la playa lo pasé bastante mal, ya que pasaron hasta seis años para que pudiese defenderme medianamente sin ahogarme. Y todo por culpa de mis queridos Tíos Modesto, Luis, Eduardo y Antonio, hermanos de mi Madre y que bien que me enseñaron a odiar el agua.
Nada más aparecer por la Playa del Peñón, parece que me estaban esperando, pues al verme me cogían y tiraban directamente al agua, no sin antes haber pegado una gran corrida por el rebalaje: el agua me entraba por la boca, la nariz y las orejas y salía como un pollo pelado, no sin antes hacerme algún “ahogaillo”, todo esto incrementaba mis pocas o nulas ganas por aprender a nadar.
La natación es considerada uno de los deportes más completos ya que al practicarla se hace uso de todos los músculos del cuerpo, puede practicarla cualquier persona de cualquier edad, desde bebes, niños, hombres y mujeres de cualquier edad, incluso adultos en plenitud y personas con capacidades físicas diferentes; ayuda a la prevención de enfermedades cardiovasculares, asma, presión arterial, dolores corporales entre otras.
En mi caso todos los músculos estaban en tensión pues mis Tíos acudían raudos a pillarme para satisfacer sus gracias, maldita la que me hacía a mí.
Qué alegría de playa teníamos en Salobreña, pues era tal la paz y tranquilidad que respirábamos, que toda la Familia estaba reunida en torno a la sombrilla de mi Madre, mi Tío Modesto y Antonio eran especialistas en buceo y raro era el día que no venían con cuatro o cinco pulpos, sí si entonces había pulpos. Uno o dos nos lo llevábamos para casa y los otros se los vendían a Teresa o María, qué rico el pulpo en salsa de María.
Siempre me pregunté cómo era posible que los Chiringuitos de la playa fueran de mujeres, como Teresa, María, Adriana, los hombres en un segundo plano, pues las verdaderas almas de la cocina y el tapeo eran ellas.
Con el tiempo fui perdiendo el miedo a mis Tíos y antes de que ellos llegaran a pillarme, yo me tiraba de campucia al agua, incluso aprendí a tirarme del Picachillo, aunque eso sí al principio me pegaba cada panzazo que me hacía polvo la barriga.
Dicen que practicar una hora de natación puede ayudarnos a quemar hasta 500 calorías por lo que también es un excelente deporte para ayudarnos a bajar de peso y mantenernos dentro del peso ideal, es además un deporte relajante ya que al terminar una sesión habitual de nado el cuerpo queda en un estado de “cansancio agradable” que ayuda a evitar el estrés y mejorar la salud mental.
En mi caso, creo que quemaba todas las calorías que tenía pues estaba hecho un esparrago de tanto correr para que mis Tíos no me cogieran, aunque tengo que reconocer que después me quedaba tremendamente relajado y volvía a mi Casa con agujetas en todo el cuerpo.
Decía el escritor francés Antoine de Saint-Exupery “Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero,
si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna”. Lo único que sí echo de menos es a mi Tío Modesto y mi Tío Luis corriendo para pillarme y tirarme al agua.
PD. Carta escrita el 26 de julio de 2015 y publicada en “Ideal en Clase"

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