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viernes, 28 de julio de 2017

Tal vez sean los calores terribles de este verano o tal vez el insomnio que padezco, el caso es que últimamente estoy con los recuerdos de infancia a flor de piel, y eso que ya uno es sexagenario.
Pero ahora que todo el mundo ve normal lo de una piscina y quien más o quien menos se baña a diario en una de ellas, me viene a la memoria aquellos años 60 en los que no existía ni una sola.
Placer era el pegarse un barrigón en la alberca de Andrés Díaz o en cualquier poza que hubiese en el río Guadalfeo, pero piscina, tuvimos que esperar hasta la construcción de Salomar 2000 y aquello si que era el paraíso, pues tenías que tener enchufe para darte un chapuzón en aquellas aguas azules, yo que estaba acostumbrado al verdín de las algas de la alberca. Qué tiempos aquellos

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