Últimamente, tal vez porque la edad transcurre inexorablemente, cada vez que encuentro una foto de aquella época tan maravillosa de juegos en la calle, de camaradería, de falta de televisión, teléfono, ordenador y de todo un mundo por descubrir. Los niños de Salobreña jugábamos a las bolas, luego los finolis le llamaron canicas. Todo el pueblo estaba lleno de hoyos para jugar y la Espartera y Paquito Franco hacían su agosto con nosotros. Qué tiempos aquellos...

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