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domingo, 11 de diciembre de 2016

LA GENERACION DE LA CUCHARA Y EL MERENGUE
Hoy día es muy habitual calificar a los jóvenes dependiendo de los años vividos, que si los JASP, los KRONEN, los PLAYSTATION, MILEURISTA, los NINIS.
Durante años los medios de comunicación, las instituciones y los agentes sociales se han empeñado en categorizar la juventud como una clase social independiente. Se ha pretendido, la mayoría de las veces con buenas intenciones, clasificar y definir los jóvenes con el objetivo de entender... su realidad comunitaria, cultural y económica, a fin de articular respuestas a los complejos desafíos que ha enfrentado cada nueva generación.
Los que nacimos allá por los 50, he llegado a pensar que somos la Generación de la cuchara y el merengue. En cada casa, la preocupación era tener cada día para poner la olla en el fuego y la comida era siempre de cuchara, casi nunca tenedor, salvo cuando eran las ricas patatas fritas.
Cada día de la semana había un plato caliente o al menos se intentaba, puchero de coles, cazuela de fideos, arroz, fabada y los viernes eso sí, siempre abstinencia, el potaje de lentejas. Si había posibilidades, a parte del plato único y principal, se acompañaba de la pringá, con su tocinillo, morcilla, chorizo, oreja, costilla y rabo de cerdo.
Y en cuanto al merengue, qué decir, era para todos el pastel, dulce o delicia por excelencia, ya fuera en las fiestas de San Juan y San Pedro en el Paseo de las Flores o cuando ibas a Motril a la Pastelería Videras. Tus ojos y tu boca salivaban pensando solo en aquel rico merengue del escaparate.
Este fin de semana mi amiga Emi ha preparado un exquisito puchero de Trigo, con su plato de pringá, estaba de rechupete. De postre había un rico merengue que había traído Mati y todo ello hace que me ponga a escribir estas absurdas líneas de recuerdo de mi Generación de cuchara y merengue

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