JUSTICIA CON MAYUSCULA
Ya sé que estamos en época de gasto y despilfarro, también sé que en España casi tres millones de niños están en el umbral de la pobreza y como no se me olvida que durante años, creíamos que con misas y rezos, y una vez al año el sobre del Domund, era suficiente para calmar nuestras conciencias, quien las tenía.
Pero cada día siguen muriendo 20.000 niños de hambre, desnutrición y abandono. Mientras en nuestro mundo, llegado estas fechas tiramos la ca...sa por la ventana, pero resulta que hay gente que no tiene casa y por supuesto, ni ventana.
No se trata de limosna, pena, ni calmar la conciencia, se trata de justicia, sí justicia para todos los hambrientos del mundo que tanto necesitan de nuestra solidaridad y el no mirar para otro lado.
El hambre y la sed han perdido su espanto para nosotros, ya nos queda muy lejos ese tercer mundo, pues el primero, ese en el que vivimos está sufriendo los peores avatares pensados. Pero no y mil veces no, no podemos ni debemos olvidarnos de aquellos que un día creímos que con rezos y santidad se acabaría el hambre.
Ellos siguen teniendo la misma hambre, la misma sed y sobre todo la misma justicia que de una vez por todas se acuerden de los más desfavorecidos.
Ya sé que estamos en época de gasto y despilfarro, también sé que en España casi tres millones de niños están en el umbral de la pobreza y como no se me olvida que durante años, creíamos que con misas y rezos, y una vez al año el sobre del Domund, era suficiente para calmar nuestras conciencias, quien las tenía.
Pero cada día siguen muriendo 20.000 niños de hambre, desnutrición y abandono. Mientras en nuestro mundo, llegado estas fechas tiramos la ca...sa por la ventana, pero resulta que hay gente que no tiene casa y por supuesto, ni ventana.
No se trata de limosna, pena, ni calmar la conciencia, se trata de justicia, sí justicia para todos los hambrientos del mundo que tanto necesitan de nuestra solidaridad y el no mirar para otro lado.
El hambre y la sed han perdido su espanto para nosotros, ya nos queda muy lejos ese tercer mundo, pues el primero, ese en el que vivimos está sufriendo los peores avatares pensados. Pero no y mil veces no, no podemos ni debemos olvidarnos de aquellos que un día creímos que con rezos y santidad se acabaría el hambre.
Ellos siguen teniendo la misma hambre, la misma sed y sobre todo la misma justicia que de una vez por todas se acuerden de los más desfavorecidos.

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