PASEO DE LAS FLORES
Cada Pueblo o Ciudad tiene su recinto ferial, que el resto del año lo ocupa con otros menesteres, pues bien el recinto de Salobreña, durante muchos años fue nuestro querido Paseo de las Flores.
Nunca sabré cómo ni de qué manera en un espacio tan pequeño cabían tantas cosas y tanta gente, tal vez sea que lo he soñado, pero la realidad supera a la ficción.
Las Fiestas eran de San Juan y San Pedro y se celebraban varios días, ya que desde el día 24 hasta el 29 había fiesta, participaba todo el Pueblo. Venían gente de la Caleta, Lobres e incluso de Motril.
Como en el Paseo había mucha tierra y polvo, los que montaban las casetas iban al pilar de la puerta del cura y se traían cubos de agua para regar el paseo. Los chiquillos participábamos acarreando cubos y luego nos daban tickets para las casetas o los columpios., había hasta peleas por ver quién traía más cubos de agua.
Todo el Pueblo participaba más en las fiestas que ahora, ya que raro era la Familia que a lo largo de los siete días no apareciera por el Paseo.
Podría describir metro a metro cómo estaba ocupada toda la superficie del Paseo; al principio, nada más entrar ya empezaban los puestos de dulces y merengues; estaban muy montados, pues con solo una mesa de madera plegable, parecía una verdadera pastelería, eso sí todos con un mantel blanco inmaculado, cada uno tenía también su botella de anís y coñac.
En frente las Casetas de tiro al blanco, con unas escopetas viejas y medio ruinosas pero que de vez en cuando acertaban al palillo de dientes y te tocaba el llavero de la legión que tanto deseaba la gente joven.
A continuación una gran tómbola, en donde el mejor regalo era una enorme y fea muñeca que se conseguía juntando las sílabas mu ñe ca, todo el suelo estaba lleno de papeletas con la mu y le ñe, pero la ca salía poquísimo y los críos nos pasábamos gran rato recogiendo del suelo los papeles, por si alguien se había equivocado.
Cuando llegabas a Casa, los regalos que habías conseguido eran un colador, un matamoscas y un gran cubo de plástico color rojo intenso, que era la delicia de mi Madre.
Al llegar al final, en la curva, justo encima de teléfonos se instalaba la Noria, menuda Noria, con sus cinco barcazas que eran un primor. Y al fondo delante de la cruz se ponía el columpio de los Patos, éste tenía cuatro patos o barcas y los más valientes, que los había, intentaban dar la vuelta de campana.
Se tocaba diana a las ocho de la mañana y la banda de música con todos los chiquillos del pueblo, salían de la plaza del ayuntamiento tocando y recorría todas las calles. Lo hacían todos los días que duraban las fiestas.
Se traía una banda de música, de Baza de Molvizar, etc. después se creó una banda de música dirigida por "el Maestro" D. José González (Padre) el Siorico, abuelo para más señas de mi primo Pepe Luis.
La gente que vivíamos abajo, si se puede decir abajo en la calle Cristo, cada vez que subíamos al Paseo, comentábamos que íbamos al Pueblo, como si la calle Cristo no fuera del Pueblo.
Por la noche se hacían bailes en el Castillo, se ponían mesas y sillas alrededor de la pista de baile y los matrimonios y los jóvenes tomaban aperitivos sentados.
Recuerdo las orquestas, venían generalmente de Granada y traían vocalista, eso ya era un acicate más el traer vocalista, les daba categoría y prestancia. También había conciertos de la banda de música en la plaza del ayuntamiento.
Todo un Recinto Ferial que marcó la infancia de muchos niños de Salobreña o al menos yo sigo creyendo que era de lo mejor que había en el mundo, pues después la vida me ha llevado por otras Ciudades y Pueblos, pero ninguno me ha traído recuerdos tan dulces y olorosos como el del Paseo de las Flores.
Cada Pueblo o Ciudad tiene su recinto ferial, que el resto del año lo ocupa con otros menesteres, pues bien el recinto de Salobreña, durante muchos años fue nuestro querido Paseo de las Flores.
Nunca sabré cómo ni de qué manera en un espacio tan pequeño cabían tantas cosas y tanta gente, tal vez sea que lo he soñado, pero la realidad supera a la ficción.
Las Fiestas eran de San Juan y San Pedro y se celebraban varios días, ya que desde el día 24 hasta el 29 había fiesta, participaba todo el Pueblo. Venían gente de la Caleta, Lobres e incluso de Motril.
Como en el Paseo había mucha tierra y polvo, los que montaban las casetas iban al pilar de la puerta del cura y se traían cubos de agua para regar el paseo. Los chiquillos participábamos acarreando cubos y luego nos daban tickets para las casetas o los columpios., había hasta peleas por ver quién traía más cubos de agua.
Todo el Pueblo participaba más en las fiestas que ahora, ya que raro era la Familia que a lo largo de los siete días no apareciera por el Paseo.
Podría describir metro a metro cómo estaba ocupada toda la superficie del Paseo; al principio, nada más entrar ya empezaban los puestos de dulces y merengues; estaban muy montados, pues con solo una mesa de madera plegable, parecía una verdadera pastelería, eso sí todos con un mantel blanco inmaculado, cada uno tenía también su botella de anís y coñac.
En frente las Casetas de tiro al blanco, con unas escopetas viejas y medio ruinosas pero que de vez en cuando acertaban al palillo de dientes y te tocaba el llavero de la legión que tanto deseaba la gente joven.
A continuación una gran tómbola, en donde el mejor regalo era una enorme y fea muñeca que se conseguía juntando las sílabas mu ñe ca, todo el suelo estaba lleno de papeletas con la mu y le ñe, pero la ca salía poquísimo y los críos nos pasábamos gran rato recogiendo del suelo los papeles, por si alguien se había equivocado.
Cuando llegabas a Casa, los regalos que habías conseguido eran un colador, un matamoscas y un gran cubo de plástico color rojo intenso, que era la delicia de mi Madre.
Al llegar al final, en la curva, justo encima de teléfonos se instalaba la Noria, menuda Noria, con sus cinco barcazas que eran un primor. Y al fondo delante de la cruz se ponía el columpio de los Patos, éste tenía cuatro patos o barcas y los más valientes, que los había, intentaban dar la vuelta de campana.
Se tocaba diana a las ocho de la mañana y la banda de música con todos los chiquillos del pueblo, salían de la plaza del ayuntamiento tocando y recorría todas las calles. Lo hacían todos los días que duraban las fiestas.
Se traía una banda de música, de Baza de Molvizar, etc. después se creó una banda de música dirigida por "el Maestro" D. José González (Padre) el Siorico, abuelo para más señas de mi primo Pepe Luis.
La gente que vivíamos abajo, si se puede decir abajo en la calle Cristo, cada vez que subíamos al Paseo, comentábamos que íbamos al Pueblo, como si la calle Cristo no fuera del Pueblo.
Por la noche se hacían bailes en el Castillo, se ponían mesas y sillas alrededor de la pista de baile y los matrimonios y los jóvenes tomaban aperitivos sentados.
Recuerdo las orquestas, venían generalmente de Granada y traían vocalista, eso ya era un acicate más el traer vocalista, les daba categoría y prestancia. También había conciertos de la banda de música en la plaza del ayuntamiento.
Todo un Recinto Ferial que marcó la infancia de muchos niños de Salobreña o al menos yo sigo creyendo que era de lo mejor que había en el mundo, pues después la vida me ha llevado por otras Ciudades y Pueblos, pero ninguno me ha traído recuerdos tan dulces y olorosos como el del Paseo de las Flores.

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