EL FUTBOL QUE ME GUSTABA
Acaba de terminar otro clásico y ya nadie sabe cuántos van ni cuántos quedan, pero yo estoy hasta el gorro de tanto clásico. Todavía sigo arrastrando esta "jartura" de Barça-Madrid, de este anestesiante éspectáculo-negocio que nos hipnotiza y nos distrae, sembrado de personajes adinerados como Messi o Ronaldo, en el que ganan y por goleada los que tienen más dinero y que no me atrevo a llamar deporte.
Ya ni siquiera me acuerdo de cuando vi un verdade...ro partido de futbol, pero futbol del bueno, de ese que te estremece, que te hace sentir los colores de tu equipo. Fue un Salobreña - Motril en el antiguo campo de futbol que había en donde después se construyó el Grupo Escolar. Esta rivalidad era querida y buscada tanto por los motrileños como por nosotros, pues los colores son los colores, pero ganar a los vecinos de Motril era demasiado.
Salen los jugadores a un campo medio embarrado y empieza el partido. Jugadores que no cobran ni 6 millones ni 6 perras gordas, nada, más bien les cuesta las perras a ellos. Se nota el esfuerzo, el aliento de los futbolistas, las patadas, la tensión de la competición, las camisetas mojadas; se oyen los gritos entre unos y otros, las instrucciones afónicas de los entrenadores, los insultos al árbitro, a los contrarios. No somos de los mejores de la categoría, que es Regional (ya no se puede descender porque no hay más), pero lo que es cojones, le echamos en cantidad.
Ramón el de los Gallos recorre una y cien veces el campo vendiendo sus pipas y cacahuetes, mientras el árbitro regaña porque el público cada vez más invade las líneas del campo. El entrenador Alonso reestructura sus líneas y mira que el banquillo es escaso, por no decir nulo.
Sube la emoción, se escuchan cosas más positivas, el público anima a los jugadores... son nuestros vecinos, el canario, Plácido, Mañero, mi Tío Eduardo Medina, son héroes locales, gente de carne y hueso; la grada ruge con sus 100 personas o así, el árbitro pita el final, empieza a caer una lluvia helada, salimos pitando también nosotros muy contentos por la victoria. No hay rueda de prensa, hay brasero el resto de la tarde y castañas asadas, una tarde de fútbol de pueblo, fútbol de verdad.
Acaba de terminar otro clásico y ya nadie sabe cuántos van ni cuántos quedan, pero yo estoy hasta el gorro de tanto clásico. Todavía sigo arrastrando esta "jartura" de Barça-Madrid, de este anestesiante éspectáculo-negocio que nos hipnotiza y nos distrae, sembrado de personajes adinerados como Messi o Ronaldo, en el que ganan y por goleada los que tienen más dinero y que no me atrevo a llamar deporte.
Ya ni siquiera me acuerdo de cuando vi un verdade...ro partido de futbol, pero futbol del bueno, de ese que te estremece, que te hace sentir los colores de tu equipo. Fue un Salobreña - Motril en el antiguo campo de futbol que había en donde después se construyó el Grupo Escolar. Esta rivalidad era querida y buscada tanto por los motrileños como por nosotros, pues los colores son los colores, pero ganar a los vecinos de Motril era demasiado.
Salen los jugadores a un campo medio embarrado y empieza el partido. Jugadores que no cobran ni 6 millones ni 6 perras gordas, nada, más bien les cuesta las perras a ellos. Se nota el esfuerzo, el aliento de los futbolistas, las patadas, la tensión de la competición, las camisetas mojadas; se oyen los gritos entre unos y otros, las instrucciones afónicas de los entrenadores, los insultos al árbitro, a los contrarios. No somos de los mejores de la categoría, que es Regional (ya no se puede descender porque no hay más), pero lo que es cojones, le echamos en cantidad.
Ramón el de los Gallos recorre una y cien veces el campo vendiendo sus pipas y cacahuetes, mientras el árbitro regaña porque el público cada vez más invade las líneas del campo. El entrenador Alonso reestructura sus líneas y mira que el banquillo es escaso, por no decir nulo.
Sube la emoción, se escuchan cosas más positivas, el público anima a los jugadores... son nuestros vecinos, el canario, Plácido, Mañero, mi Tío Eduardo Medina, son héroes locales, gente de carne y hueso; la grada ruge con sus 100 personas o así, el árbitro pita el final, empieza a caer una lluvia helada, salimos pitando también nosotros muy contentos por la victoria. No hay rueda de prensa, hay brasero el resto de la tarde y castañas asadas, una tarde de fútbol de pueblo, fútbol de verdad.

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