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jueves, 4 de junio de 2015

CARA DE VINAGRE
De verdad, que hace tiempo que me he planteado seriamente el motivo del abandono y asistencia de la gente a los actos religiosos en las Iglesias; yo pensaba que era a causa de los tiempos modernos, de la vida disipada y hedonista que vivimos o tal vez de la nula necesidad en la creencia del más allá.
Pero no, estaba equivocado. El Papa Francisco en la homilía del Jueves Santo, les ha dicho a todos los sacerdotes que tengan “olor a oveja” y “sonrisa de papá que... contempla a sus hijos pequeños”.
El Santo Padre les ha pedido a los sacerdotes de hoy en día que por favor pierdan de una vez por todas su “cara de vinagre” y ese creo es uno de los motivos principales para el abandono de la gente de las Iglesias.
A los que nacimos en la década de los 50, el cura y más si vivías en el pueblo, era quien decidía la vida social y religiosa de todo el municipio. Nada ni nadie podía escapar al ojo escrutador del cura de turno. Aquellos sacerdotes de sotana amplia y mente estrecha decidían por ti y por el resto del pueblo.
Sus palabras siempre eran sentencias y su cara avinagrada reflejaba la intransigencia que se vivía en aquella época. De ahí, que ahora, al leer las palabras del Papa Francisco, me haya dado cuenta que es verdad todo lo que dice, pues han estado mucho tiempo lejos del rebaño y de los hijos.
Arzobispos que esconden a la justicia datos sobre pedofilia y otras barbaridades. Iglesia que está de espaldas a lo que realmente necesita la gente, que es menos rezos y más ayuda social. Esa Iglesia de todos, comprometida y solidaria con el más necesitado, esa es la Iglesia que en verdad se necesita.
Creo haber escrito en más de una ocasión, que me gusta el papa Francisco, que me atrae algunas de las cosas que dice y por encima de todo, me seduce su presencia y su señal de abandono de todo el boato que rodea a esa Iglesia alejada de sus fieles.
Que cambien, pues los pulpitos, las homilías, las joyas y los habitos adquiridos y se abran más a la gente en la calle, en el trabajo y en la taberna, porqué no. Allí donde pueda haber alguien que necesite hablar o ser escuchado, sin tener que ver una ”cara de vinagre”.

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