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lunes, 15 de junio de 2015

89 ERASMUS, CASI NA!
La noticia venía en el diario IDEAL el martes día 26 y decía así…”desalojan a 89 personas de un piso de apenas cien metros en una fiesta Erasmus”. Sí como lo oyen, ante las denuncias de los vecinos de ruidos, entradas, salidas, vasos, música, gritos, etc. la policía tuvo que acudir al Camino de Ronda y cuál fue su sorpresa al contar nada más y nada menos que hasta 89 estudiantes pasándose los apuntes de clase.
Desde que existe el Erasmus, la idea me parec...e genial y no sé cómo no la hemos importado en los programas electorales. Yo la extendería a todos los oficios, a los agricultores, a los periodistas, a los carteros y, sobre todo, a los políticos.
Los que no conocimos un Erasmus nos morimos de envidia cuando escuchamos a los que escogieron el camino correcto. Cuando la carrera esta encauzada (en los primeros cursos esa aventura puede destruir nuestras trayectorias vitales) pasar una temporada en el extranjero nos abre la mente, difumina nuestras pequeñeces nacionalistas, nos asegura entrañables amigos y nos proporciona una fuente inestimable de anécdotas. El Erasmus ha supuesto para esta generación de ahora lo que significaba, despojada de sus elementos más aborrecibles, la mili para nuestros padres.
En mi caso, años 70 los Erasmus que teníamos eran mucho más sencillos, pues como los pisos siempre estaban tiritando de escasez, acudíamos a nuestro bar favorito “El Cebolla” y nos tomábamos el viejo cubata que tanto nos ponía. Otras veces acudíamos a las bodegas Castañeda, Granados o al bar Aliatar en el albaycin a tomar un follasa y unos caracoles.
Si ya había posibilidad de pegarse algún que otro ligue, se subía hasta el Sacromonte y teníamos los santuarios del Camborio y la Chumbera, en donde la poca luz reinante hacía que las parejas se quisieran un poco más.
Pero si ya el bolsillo daba para un poco más se cogía el tranvía de la Sierra y nos íbamos a darnos un chapuzón en el charcón, para después comernos unas papas a lo pobre con una morcilla y una longaniza de esas que siempre recuerdas por las veces que se repite.
En fin, que nunca estuvimos tanta gente junta cuando estudiábamos, pero sí que lo celebrábamos a nuestra manera y encima no molestábamos a nadie.

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