SE LLAMABA MANUEL
Ya sé que me pongo pesadísimo cada año cuando llega la Navidad, pues es sabido que me gusta bien poco, mejor dicho, nada. Que es entonces cuando acentúo más las fotos, noticias y mensajes de la terrible desigualdad que inunda nuestra sociedad y lo que es peor aún, nuestras mentes.
Acabo de leer la noticia de la muerte de un ser vivo en plena calle de Sevilla, solo sé que se llamaba Manuel y que llevaba años malviviendo en las calles del Porvenir, víctima de ...la sociedad y de sí mismo, entre toques de metadona y cartones para refugiarse de los ataques del «mono» y del frío de este invierno que ha entrado de golpe.
Fue en plena Nochebuena, murió, solo, como había vivido los últimos años de su poco más de medio siglo de vida. Lo encontraron, refugiado entre cartones, liado en una manta. Había muerto Manuel, rodeado de personas que pasaban a diario por su triste morada, cargados todos ellos de comida, regalos y baratijas para disfrutar de estos días de hermandad y familiaridad.
Dicen, algunos que le conocieron, que Manuel, en sus buenos tiempos fue camarero de una venta, muerto varias horas, encogido y oculto en su refugio de cartones, junto a un portal de viviendas de una calle residencial del Porvenir.
Esta es la realidad de nuestras calles y nuestras gentes en fechas tan señaladas y este es nuestro Estado del Bienestar que tanto nos vendieron, unos y otros; charlatanes de feria que lo único que hacen es vociferar para pedir el voto cuando hay elecciones y luego, si te he visto ya no me acuerdo que te llamas Manuel.
Sí, ya lo sé es Navidad, estoy cansado de verlo en la tele, el periódico, en la calle, en las tiendas, en el bar, incluso en mi casa, pero no olvidéis que Manuel podríamos ser todos, que tonto soy, cómo todos, solamente aquellos que creyeron en un mundo mejor y que los sueños algunas veces se cumplían.
Manuel ha muerto rodeado de personas, pero siendo una víctima del abandono de todos sus semejantes, siendo víctima de la exclusión de los más débiles, víctima de esta sociedad absurda de consumo y mentira.
Por eso, siempre recuerdo la frase de…”La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo. Pidamos y exijamos dignidad y respeto parar todo ser humano, pues eso nos hace más libres.
Ya sé que me pongo pesadísimo cada año cuando llega la Navidad, pues es sabido que me gusta bien poco, mejor dicho, nada. Que es entonces cuando acentúo más las fotos, noticias y mensajes de la terrible desigualdad que inunda nuestra sociedad y lo que es peor aún, nuestras mentes.
Acabo de leer la noticia de la muerte de un ser vivo en plena calle de Sevilla, solo sé que se llamaba Manuel y que llevaba años malviviendo en las calles del Porvenir, víctima de ...la sociedad y de sí mismo, entre toques de metadona y cartones para refugiarse de los ataques del «mono» y del frío de este invierno que ha entrado de golpe.
Fue en plena Nochebuena, murió, solo, como había vivido los últimos años de su poco más de medio siglo de vida. Lo encontraron, refugiado entre cartones, liado en una manta. Había muerto Manuel, rodeado de personas que pasaban a diario por su triste morada, cargados todos ellos de comida, regalos y baratijas para disfrutar de estos días de hermandad y familiaridad.
Dicen, algunos que le conocieron, que Manuel, en sus buenos tiempos fue camarero de una venta, muerto varias horas, encogido y oculto en su refugio de cartones, junto a un portal de viviendas de una calle residencial del Porvenir.
Esta es la realidad de nuestras calles y nuestras gentes en fechas tan señaladas y este es nuestro Estado del Bienestar que tanto nos vendieron, unos y otros; charlatanes de feria que lo único que hacen es vociferar para pedir el voto cuando hay elecciones y luego, si te he visto ya no me acuerdo que te llamas Manuel.
Sí, ya lo sé es Navidad, estoy cansado de verlo en la tele, el periódico, en la calle, en las tiendas, en el bar, incluso en mi casa, pero no olvidéis que Manuel podríamos ser todos, que tonto soy, cómo todos, solamente aquellos que creyeron en un mundo mejor y que los sueños algunas veces se cumplían.
Manuel ha muerto rodeado de personas, pero siendo una víctima del abandono de todos sus semejantes, siendo víctima de la exclusión de los más débiles, víctima de esta sociedad absurda de consumo y mentira.
Por eso, siempre recuerdo la frase de…”La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo. Pidamos y exijamos dignidad y respeto parar todo ser humano, pues eso nos hace más libres.

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