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domingo, 21 de diciembre de 2014

LA TABERNA DE RAFAEL
El otro día, nuestro querido amigo Fernando Vinuesa, inició un divertido juego de poner una foto y decir quien acertaba lo que antes había en esa casa, local o calle. Me pareció algo divertido y atrayente, hasta el punto que se vinieron a la cabeza multitud de lugares, rincones y sitios donde explayar la imaginación y los recuerdos.
Teniendo como tenemos fotógrafos maravillosos como Fernando, Antonio Medina, Paco Peña, Sagrario, Francisco Paloma, Javier J...ayma, Paco González, Antonio de la O y tantos que ahora no me acuerdo y que me perdonen; porque no recuperamos esas imágenes, pero con sus vivencias, recuerdos de vida que pasaron por allí.
Ya creo hay Grupos para todos los gustos, colores y sabores, pero no hay uno específico que hable de nuestros rincones con encanto, con recuerdos, con vivencias. Así quedaría para las futuras generaciones, conocer cómo y quién vivía en su pueblo.
Seguro que todos colaborarían con fotos, recuerdos, anécdotas, vivencias y tantas y tantas cosas que nos contaban nuestros abuelos e incluso que vivimos nosotros. Animaros y crear ese Grupo, que podría llamarse …”Rincones con encanto”, “Lugares de Pasión”, “Salobreña a tu encuentro” o el que mejor se os ocurra a vosotros.
Fernando Vinuesa, ponía la foto creo recordar del Bar de Rafael.
No quisiera corregir a Fernando, pero me gusta y gustó siempre más decir la Taberna de Rafael, cuya antigüedad se remonta al 1929, inicialmente estuvo regentada por Francisco y después por Manuel Bosch Rodríguez, ambos hermanos de Rafael.
Todos los pueblos siempre han tenido un lugar de reunión, en el que los hombres del campo se juntaban para tomar un vino y ver si había trabajo para el día siguiente, ese lugar era el Bar de Rafael, después pasó a la Calle Cristo y por ultimo a la Pontanilla.
Recuerdo perfectamente las dos anillas que había en la pared que daba a la calle del Carmen, para poder atar los mulos, mientras se tomaba uno un chato de vino, que por cierto en aquella época valía el vaso a peseta, de ahí que se llamara vaso pesetero; también estaba el Gorro, que costaba una cincuenta y las copas de aguardiente. Al final, de los años 70 se popularizó mucho el bar con la gente joven, pues iban buscando el calimocho tan rico que preparaba el bueno de Rafael y que siempre dijo era invención de unas chicas de Molvizar.
En fin, recuerdos entrañables, tardes de fresco en verano caluroso sentados en los poyetes de Rafael, que seguro vosotros podéis ampliar y agrandar muchísimo más.

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