Acaba de morir la Reina Fabiola de Bélgica y he recordado que hace muchos años escribí un "Relato de mis Entretelas" sobre mi encuentro con ella. Descanse en paz y aun recuerdo lo cercana que estuvo conmigo.
ENCUENTRO CON LA REALEZA
Siete años, largos años pasados en el Colegio “San Agustín” de Motril. En los años 60, cuando llegabas a la edad de 9 -10 años ya no podías seguir estudiando en Salobreña, pues por muy raro que parezca no había Instituto de Bachillerato como se le llamaba entonces.
El IES Mediterráneo comenzó su andadura primero como extensión del Instituto de Bachillerato Julio Rodríguez de Motril en el curso 81-82.
El curso siguiente 82-83 ya se consolidó como IES Mediterráneo pero no contaba con las actuales instalaciones y se ubicó en la casa de la Cultura.
Pues bien, este Salobreñero ingresó en 1965 en el Colegio de los Agustinos, aun recuerdo el primer día como si fuera hoy; mi Madre, bendita entre todas las mujeres, me preparó el cesto de mimbre con la comida, tortilla de patatas y pollo frito, con un plátano del Camino de Lobres riquísimo.
Justo a las 11 de la mañana tocaron el timbre para el recreo y yo creía que era la hora de la comida, pobre de mí, todos me miraban extrañados y yo sentado y tímido en un rincón del patio di buena cuenta de la deliciosa comida, claro está luego a la 1 tuve que mirar al resto de compañeros.
Creo honradamente que fui buen estudiante y sobre todo colaborador con los Frailes hasta el punto que siempre estaba apuntado para faenas extras.
Era 5 de mayo de 1968 y lo sé perfectamente porque el día 7 se celebraba el Patrón del Colegio, yo estaba realizando un Mural con algunas poesías, ya entonces me tiraba la literatura y me quedé en el Colegio hasta las 7 de la tarde con lo que perdí la Alsina que me llevaba al Pueblo, así que el Padre José Antonio Parra me dijo que la única opción era que me llevara él en la furgonetilla que tenían los curas.
Lógicamente dije que sí, pero había un inconveniente, tenía que esperar otra hora, justo hasta las 8, pues era cuando finalizaba la misa y a esa misa asistía la Soberana Reina de Bélgica, su Alteza Fabiola de Mora y Aragón.
En ningún momento me sentí nervioso, ni siquiera turbado por tal presencia, más aun lo vi como una cosa normal, más teniendo en cuenta que los Agustinos eran quien atendían sus necesidades espirituales.
Justo a las 8 salió la Reina y se subió en el asiento delantero de la Furgonetilla, el Padre Parra conducía y a mí me pusieron detrás junto a un señor y una señora que nunca supe quienes eran. Lo más significativo es que mi asiento era el último y mirando en sentido contrario a la carretera.
La Reina preguntó quién era yo, entre mi timidez y tartamudez le conté toda mi vida, cómo me llamaba, quien eran mis Padres, a que se dedicaban, le hablé del Paseo de las Flores, de la Playa, incluso del Bar Pesetas.
Y aquí viene lo mejor, pasado el primer candelón, en donde Ignacio tenía su taberna, había un pequeño desvío justo donde posteriormente se abrió el Puticlub JJ; allí la Reina de todos los Belgas hizo parar el vehículo y me puso al lado de la Pareja en el sentido de la marcha, aquel detalle me llegó al alma, pues estaba comenzando a marearme y no sabía cómo decirlo.Llegamos a la Finca Astrida, lugar de Residencia de los Reyes de Bélgica, muchos Guardias Civiles vigilando; la Soberana se bajó y vino a la parte de atrás y me dio la mano, sí si la mano, comentando muy bajito ¡bonito Pueblo el tuyo!
Bueno, cuando el Padre Parra, me dejó en la Pontanilla fui corriendo a contarle a mi Madre lo que había pasado y como su Hijo le había dado la mano a la Reina de Bélgica, lógicamente no me creyó hasta que se lo juré y entonces los juramentos sí que servían no como ahora.
Y ese fue mi Feliz encuentro con una Reina, que a parte de su categoría Real era humana, muy humana con éste Salobreñero y su Pueblo.
ENCUENTRO CON LA REALEZA
Siete años, largos años pasados en el Colegio “San Agustín” de Motril. En los años 60, cuando llegabas a la edad de 9 -10 años ya no podías seguir estudiando en Salobreña, pues por muy raro que parezca no había Instituto de Bachillerato como se le llamaba entonces.
El IES Mediterráneo comenzó su andadura primero como extensión del Instituto de Bachillerato Julio Rodríguez de Motril en el curso 81-82.
El curso siguiente 82-83 ya se consolidó como IES Mediterráneo pero no contaba con las actuales instalaciones y se ubicó en la casa de la Cultura.
Pues bien, este Salobreñero ingresó en 1965 en el Colegio de los Agustinos, aun recuerdo el primer día como si fuera hoy; mi Madre, bendita entre todas las mujeres, me preparó el cesto de mimbre con la comida, tortilla de patatas y pollo frito, con un plátano del Camino de Lobres riquísimo.
Justo a las 11 de la mañana tocaron el timbre para el recreo y yo creía que era la hora de la comida, pobre de mí, todos me miraban extrañados y yo sentado y tímido en un rincón del patio di buena cuenta de la deliciosa comida, claro está luego a la 1 tuve que mirar al resto de compañeros.
Creo honradamente que fui buen estudiante y sobre todo colaborador con los Frailes hasta el punto que siempre estaba apuntado para faenas extras.
Era 5 de mayo de 1968 y lo sé perfectamente porque el día 7 se celebraba el Patrón del Colegio, yo estaba realizando un Mural con algunas poesías, ya entonces me tiraba la literatura y me quedé en el Colegio hasta las 7 de la tarde con lo que perdí la Alsina que me llevaba al Pueblo, así que el Padre José Antonio Parra me dijo que la única opción era que me llevara él en la furgonetilla que tenían los curas.
Lógicamente dije que sí, pero había un inconveniente, tenía que esperar otra hora, justo hasta las 8, pues era cuando finalizaba la misa y a esa misa asistía la Soberana Reina de Bélgica, su Alteza Fabiola de Mora y Aragón.
En ningún momento me sentí nervioso, ni siquiera turbado por tal presencia, más aun lo vi como una cosa normal, más teniendo en cuenta que los Agustinos eran quien atendían sus necesidades espirituales.
Justo a las 8 salió la Reina y se subió en el asiento delantero de la Furgonetilla, el Padre Parra conducía y a mí me pusieron detrás junto a un señor y una señora que nunca supe quienes eran. Lo más significativo es que mi asiento era el último y mirando en sentido contrario a la carretera.
La Reina preguntó quién era yo, entre mi timidez y tartamudez le conté toda mi vida, cómo me llamaba, quien eran mis Padres, a que se dedicaban, le hablé del Paseo de las Flores, de la Playa, incluso del Bar Pesetas.
Y aquí viene lo mejor, pasado el primer candelón, en donde Ignacio tenía su taberna, había un pequeño desvío justo donde posteriormente se abrió el Puticlub JJ; allí la Reina de todos los Belgas hizo parar el vehículo y me puso al lado de la Pareja en el sentido de la marcha, aquel detalle me llegó al alma, pues estaba comenzando a marearme y no sabía cómo decirlo.Llegamos a la Finca Astrida, lugar de Residencia de los Reyes de Bélgica, muchos Guardias Civiles vigilando; la Soberana se bajó y vino a la parte de atrás y me dio la mano, sí si la mano, comentando muy bajito ¡bonito Pueblo el tuyo!
Bueno, cuando el Padre Parra, me dejó en la Pontanilla fui corriendo a contarle a mi Madre lo que había pasado y como su Hijo le había dado la mano a la Reina de Bélgica, lógicamente no me creyó hasta que se lo juré y entonces los juramentos sí que servían no como ahora.
Y ese fue mi Feliz encuentro con una Reina, que a parte de su categoría Real era humana, muy humana con éste Salobreñero y su Pueblo.

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