BOCETO
A mis sesenta años, ya no soy lo que era. Con el paso de los años, yo que siempre he sido de complexión delgada, he ido cogiendo esos kilos de más y esa barriga cervecera que al principio tanto nos hace reír y que ahora nos hace llorar. Mil arrugas acompañan cada gesto de mi mirada, cada una de ellas forjada por penas y alegrías.
Siempre he sido un soñador incomprendido. Quienes me conocen saben que soy cristalino, digo más cosas cuando callo que muchas personas a grit...os, romántico empedernido, recolector de estrellas, buscador de tesoros.
Con los años he dejado de creer en aquellos valores que me inculcaron desde la cuna, he dejado de creer como ya he dicho en varias ocasiones en ideologías partidistas que solo miran por sus intereses. Por supuesto, he dejado de creer en ese bien social que solo beneficia a los poderosos en detrimento de los menos favorecidos.
Me he vuelto bastante imprudente, salvaje a veces, rebelde, contestatario, solidario, intolerante y otras veces tolerante, depende del interlocutor, en definitiva creo que me voy convirtiendo en un proyecto de ser humano.
Te hablaré en primera persona y así no me equivoco… Sufrí, luché, acerté, me equivoqué, reí, lloré, engordé, me volví a equivocar, voté y no voté, corrí, aceleré, me condené, para al final seguir siendo la misma persona que lucha cada día por saber quién es y dónde va.
Ya he llegado a una edad en la que valoro más una mirada o un apretón de manos que el mejor contrato firmado ante notario, los valores se transmiten por los sentimientos y no por las leyes. Algo hay escrito en el perfil y el ADN de cada persona que hace que nos juntemos por afinidades, por cariño, por ternura en definitiva por lo que realmente nos haga estremecer.
Me emociona la vejez, tiene sus expectativas y yo las quiero ver y vivir.
A mis sesenta años, ya no soy lo que era. Con el paso de los años, yo que siempre he sido de complexión delgada, he ido cogiendo esos kilos de más y esa barriga cervecera que al principio tanto nos hace reír y que ahora nos hace llorar. Mil arrugas acompañan cada gesto de mi mirada, cada una de ellas forjada por penas y alegrías.
Siempre he sido un soñador incomprendido. Quienes me conocen saben que soy cristalino, digo más cosas cuando callo que muchas personas a grit...os, romántico empedernido, recolector de estrellas, buscador de tesoros.
Con los años he dejado de creer en aquellos valores que me inculcaron desde la cuna, he dejado de creer como ya he dicho en varias ocasiones en ideologías partidistas que solo miran por sus intereses. Por supuesto, he dejado de creer en ese bien social que solo beneficia a los poderosos en detrimento de los menos favorecidos.
Me he vuelto bastante imprudente, salvaje a veces, rebelde, contestatario, solidario, intolerante y otras veces tolerante, depende del interlocutor, en definitiva creo que me voy convirtiendo en un proyecto de ser humano.
Te hablaré en primera persona y así no me equivoco… Sufrí, luché, acerté, me equivoqué, reí, lloré, engordé, me volví a equivocar, voté y no voté, corrí, aceleré, me condené, para al final seguir siendo la misma persona que lucha cada día por saber quién es y dónde va.
Ya he llegado a una edad en la que valoro más una mirada o un apretón de manos que el mejor contrato firmado ante notario, los valores se transmiten por los sentimientos y no por las leyes. Algo hay escrito en el perfil y el ADN de cada persona que hace que nos juntemos por afinidades, por cariño, por ternura en definitiva por lo que realmente nos haga estremecer.
Me emociona la vejez, tiene sus expectativas y yo las quiero ver y vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario