Noches de desenfreno, mañanitas de ibuprofeno. No hay nada mejor que después de una noche de exageraciones, un buen caldo de puchero, después todos sus avíos y como no su pringà. A mi amiga Anto le salió de rechupete, de esos que reviven a un moribundo. A mi lado, mi buen amigo el Che.

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