Paseando por la calle Circunvalación en el Zaidin, de repente veo un escaparate que me hace estremecer de alegría y gusto. Menuda caja de arenques plateados y sequitos, listos para degustar recién pelados con papel de estraza detrás del quicio de la puerta o con unos ajitos y huevo frito o simplemente con un chorreón de aceite por encima, el caso es probar estos sabores de nuestra infancia, de siempre. Qué ricos!

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