MI AMIGO CECILIO
Desde que le conocí, siempre me pareció buena persona. Se llamaba Cecilio y nunca supe qué edad tenía. Siempre que le veía llevaba su sonrisa puesta hasta el punto que por muy jodido que tú estuvieras, él te hacía sonreír, pues sus “detalles” siempre eran gratis.
Cada pueblo tiene sus infraestructuras y sus paisajes, pero al mismo tiempo tiene sus personas y personajes que marcan la vida y el recuerdo de todos sus habitantes, Cecilio es una de esas personas... que marcó mi vida y la de muchos habitantes de Salobreña.
No había procesión, romería, ni charla en donde el bueno de Cecilio no estuviera presente con su jovialidad, ingenio y ganas de contar a quien quisiera oírle todos los “detalles” que atesoraba en su ingenio.
Cogía un tema y lo desguazaba hasta partirte de la risa, quieren que hablemos de Perros… “Un detalle, un detalle…porqué entran los perros en la Iglesia?…pues porque está la puerta abierta y porqué salen?…pues porque han entrado”… y así seguía hasta agotar casi todas las posibilidades, pues cuando ya creías haber acabado, surgía de nuevo y te preguntaba…”a la de cuantas vueltas se tumba un perro?…pues a la última”.
Aún recuerdo las noches calurosas de verano del mes de agosto, cuando venía cada noche a la puerta de mi casa en la calle Fábrica Nueva y mi mujer y mi hermana sentadas en la acera tomando el fresco. Aparecía el bueno de Cecilio con la boina caída estilo paracaidista. Se ponía en cuclillas y oh! Milagro, aguantaba esa postura todo el tiempo que estaba con nosotros recordando su vida y milagros. El tiempo lo medíamos por las colillas que dejaba cuando se iba.
Recuerdos, vivencias, saludos, recorridos, se conocía la vega y todo el campo de Salobreña de uno a otro confín, Camino de Lobres, Molvizar, Itrabo, la Caleta, la Guardia, Cortijo Miranda, Apero los Fideos, la Tahíba, la Jamilla. Empezaba hablar y no paraba de contar una y mil vivencias, de cómo para hacer unas migas en el campo, recogieron ramas y sin querer o queriendo metieron la varilla de un cohete que por lo visto no había explotado, nadie supo a donde fueron las migas con la explosión.
Aún recuerdo cómo se le hacía la boca agua recordando el sabor de los higos y sobre todo las brevas que conocía perfectamente donde estaba la higuera más jugosa y generosa. Pienso que era un virtuoso de la breva. Entonces echaba mano de los refranes… “por San Juan brevas comerás. Por San Juan brevas y por San Pedro, las más buenas”.
Las noches de verano eran más frescas y agradables gracias a los “detalles” del bueno y ocurrente de Cecilio. Gracias amigo por todo lo bueno que me has dado. Un abrazo.
Desde que le conocí, siempre me pareció buena persona. Se llamaba Cecilio y nunca supe qué edad tenía. Siempre que le veía llevaba su sonrisa puesta hasta el punto que por muy jodido que tú estuvieras, él te hacía sonreír, pues sus “detalles” siempre eran gratis.
Cada pueblo tiene sus infraestructuras y sus paisajes, pero al mismo tiempo tiene sus personas y personajes que marcan la vida y el recuerdo de todos sus habitantes, Cecilio es una de esas personas... que marcó mi vida y la de muchos habitantes de Salobreña.
No había procesión, romería, ni charla en donde el bueno de Cecilio no estuviera presente con su jovialidad, ingenio y ganas de contar a quien quisiera oírle todos los “detalles” que atesoraba en su ingenio.
Cogía un tema y lo desguazaba hasta partirte de la risa, quieren que hablemos de Perros… “Un detalle, un detalle…porqué entran los perros en la Iglesia?…pues porque está la puerta abierta y porqué salen?…pues porque han entrado”… y así seguía hasta agotar casi todas las posibilidades, pues cuando ya creías haber acabado, surgía de nuevo y te preguntaba…”a la de cuantas vueltas se tumba un perro?…pues a la última”.
Aún recuerdo las noches calurosas de verano del mes de agosto, cuando venía cada noche a la puerta de mi casa en la calle Fábrica Nueva y mi mujer y mi hermana sentadas en la acera tomando el fresco. Aparecía el bueno de Cecilio con la boina caída estilo paracaidista. Se ponía en cuclillas y oh! Milagro, aguantaba esa postura todo el tiempo que estaba con nosotros recordando su vida y milagros. El tiempo lo medíamos por las colillas que dejaba cuando se iba.
Recuerdos, vivencias, saludos, recorridos, se conocía la vega y todo el campo de Salobreña de uno a otro confín, Camino de Lobres, Molvizar, Itrabo, la Caleta, la Guardia, Cortijo Miranda, Apero los Fideos, la Tahíba, la Jamilla. Empezaba hablar y no paraba de contar una y mil vivencias, de cómo para hacer unas migas en el campo, recogieron ramas y sin querer o queriendo metieron la varilla de un cohete que por lo visto no había explotado, nadie supo a donde fueron las migas con la explosión.
Aún recuerdo cómo se le hacía la boca agua recordando el sabor de los higos y sobre todo las brevas que conocía perfectamente donde estaba la higuera más jugosa y generosa. Pienso que era un virtuoso de la breva. Entonces echaba mano de los refranes… “por San Juan brevas comerás. Por San Juan brevas y por San Pedro, las más buenas”.
Las noches de verano eran más frescas y agradables gracias a los “detalles” del bueno y ocurrente de Cecilio. Gracias amigo por todo lo bueno que me has dado. Un abrazo.
PD. La foto está hecha por mi amigo Paco Peña

No hay comentarios:
Publicar un comentario