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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Lo confieso! Reconozco que me gusta el tocino con locura. Tengo el colesterol alto, aunque controlado con medicación. Pero cada vez que veo un buen trozo de tocino blanco como la nieve y con una veta sonrosada, se me caen dos lagrimas como puños.
Habrá otras exquisiteces, pero donde se ponga un buen pan casero, una buena navaja, un buen trozo de tocino y por supuesto, un buen vaso de vino que se quite todo lo demás.
Si es en buena compañía, ni los Dioses soñaron un momento mejor.

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