Mira que soy pesado, pero sé que con estos calores se nos olvidan las cosas importantes. E importante es nuestra cita el viernes día 30 a las 9 de la tarde en el Auditórium Nilo Cruz para hablar y sobre todo oír las Habaneras de toda una vida. Este año como país invitado es Argentina. No faltes, Salobreña te espera y yo te espero.
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sábado, 1 de julio de 2017
Que si, que ya me he enterado que eres una verdadera " hija de puta", que te jode que cuente a todo el mundo que el cáncer se cura. Que por fin se haga visible en una persona normal y corriente, de la calle, de los amigos, de su familia.
Pero tú maldita enfermedad, no vas a ganar, aunque me tengan que ingresar unos días para bajar lo que te has inventado hoy, la creatinina ha subido por culpa de la quimio.
Solo deciros a todos que me encuentro bien y el viernes pelearé con uñas y dientes para estar con todos vosotros en la inauguración del IV Festival de Habaneras en Salobreña.
Pero tú maldita enfermedad, no vas a ganar, aunque me tengan que ingresar unos días para bajar lo que te has inventado hoy, la creatinina ha subido por culpa de la quimio.
Solo deciros a todos que me encuentro bien y el viernes pelearé con uñas y dientes para estar con todos vosotros en la inauguración del IV Festival de Habaneras en Salobreña.
Un niño de 10 años estaba parado frente a una tienda de zapatos en una calle, descalzo apuntando a través de la ventana y temblando de frío.
Una señora se acercó al niño y le dijo:" Mi pequeño amigo, ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?"
La señora lo tomó de la mano y entraron en la tienda, le pidió media docena de pares de calcetines para el niño.
Preguntó si podía darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado le trajo lo que pidió.
Ella llevó al niñ...o a la parte trasera de la tienda, le lavó los pies y se los secó.
Para entonces el empleado llegó con los calcetines, la señora le puso un par al niño y le compró un par de zapatos.
"¡No hay duda pequeño amigo, que te sientes más cómodo ahora!"
Cuando ella daba la vuelta para irse, el niño le agarró la mano y mirándola con lagrimas en los ojos, le preguntó:
"¿Es usted la esposa de Dios?"
Ojalá no perdamos nunca la inocencia
Una señora se acercó al niño y le dijo:" Mi pequeño amigo, ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?"
La señora lo tomó de la mano y entraron en la tienda, le pidió media docena de pares de calcetines para el niño.
Preguntó si podía darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado le trajo lo que pidió.
Ella llevó al niñ...o a la parte trasera de la tienda, le lavó los pies y se los secó.
Para entonces el empleado llegó con los calcetines, la señora le puso un par al niño y le compró un par de zapatos.
"¡No hay duda pequeño amigo, que te sientes más cómodo ahora!"
Cuando ella daba la vuelta para irse, el niño le agarró la mano y mirándola con lagrimas en los ojos, le preguntó:
"¿Es usted la esposa de Dios?"
Ojalá no perdamos nunca la inocencia
RECUERDOS DE MI CALLEJON
Los recuerdos de la niñez son los de mi callejón y regresan siempre con las voces y los nombres de mis amigos, mis vecinos y por supuesto de mi Abuela Laura. Aquellos días estaban llenos de su presencia, de su contacto.
El pasillo de tierra apisonada, a lado y lado de las casi inexistentes aceras, fue ideal para nuestros juegos de bailar el trompo, jugar a las canicas o bolas, jugar al boli o a los santos, pues entonces las cajas de cerillas eran de cartón y venían dibujadas caras de futbolistas de la época, de los míticos Zamora, Padrón, Quincoces, Ciriaco, etc., o de ciclistas como Bahamontes y Julio Jiménez. Las chapas o platicos de las cervezas los pedía en el bar del Puga o en el ambigú de Andrés Palomares y lo que más me gustaba era jugar al pincho en los días de lluvia, pues se formaba un barro estupendo en todo el callejón y clavaba el pincho tan maravilloso que me hizo mi Tío Modesto en la Fábrica.
La calle era la bandera que enarbolábamos en las peleas entre barrios. Los retos se decidían en los recreos o cuando terminaban las clases; los combates, en el postigo principalmente. Algunas disputas se solventaron por la fuerza de las piedras. Las pedreas las celebrábamos a la salida de la escuela. No había modo de esperar. Aunque las originaban las discusiones y las riñas entre dos chicos de calles diferentes, acababan por concernirnos a todos los de la misma calle, siempre dije que mi Primo Pepe Luis era el más capaz, el más valiente y por supuesto el más herido.
Mi hermana Amparo y amigas jugaban a la comba, desde el inocente “cochecito leré” o “al pasar la barca”, así como a la rayuela, según la edad o pericia.
El cine era la principal distracción en el pueblo, entonces sin TV, claro, y sin poder sintonizar apenas emisoras de radio, salvo “Radio Nacional" para escuchar "el parte" y las radionovelas que oía mi Abuela.
Los vecinos, más que vecinos eran casi familia, pues las vivencias eran comunes y compartidas por todo el callejón, matanzas del cerdo, nacimientos, bautizos, etc. María, Adela, Carmen, Teresica, Paqui, Pilar, todos nombres pegados en mi memoria.
Muchas tardes una de las distracciones más agradables era ver a toda la gente pasar por el callejón para ir a por agua a la fuente de Andrés Díaz, cántaros, tinajas, garrafas, eran de uso común, pues aun el plástico no había llegado a Salobreña.
Siempre que echo la vista atrás, veo a mi Abuela sentada en su silla de enea haciendo crochet, pues tenía unas manos prodigiosas para el punto y el crochet. Era pequeña, menuda, liviana, pero tenía un corazón que no le cabía en el pecho, así era mi Abuela Laura.
Siempre fui su ojito derecho, tal vez por ser el Nieto mayor o seguramente por haberme criado en su Casa y en su enaguas, el caso es que los mejores años de mi vida y los mejores recuerdos, esos que nunca se borran de tu alma, los he pasado junto a ella, disfrutando de su cariño y su bondad. Siempre me cuidó y atendió con todo el esmero que se pueda tener con un Crio o un mozalbete, siempre sabía en todo momento cual era mi necesidad o cual era mi gusto.
Hoy mi callejón ya no es tal, pues se ha convertido en una calle de paso, llamada calle Ingenio, y creo que mucho Ingenio hay que tener para no reparar en tanto adelanto que ha transcurrido.
Nunca, sí nunca debieran desaparecer todas las Abuelas Laura del mundo, debieran estar siempre a nuestro lado y conocer a sus Nietos, Biznietos, Tataranietos y así sucesivamente, pues seguro que el mundo sería un poco mejor, estoy convencido.
PD. La foto es muy antigua y deteriorada, pero aseguro que es mi callejón y mi Abuela Laura sentada haciendo crochet, frente a la puerta de la casa.La otra es reciente.
Los recuerdos de la niñez son los de mi callejón y regresan siempre con las voces y los nombres de mis amigos, mis vecinos y por supuesto de mi Abuela Laura. Aquellos días estaban llenos de su presencia, de su contacto.
El pasillo de tierra apisonada, a lado y lado de las casi inexistentes aceras, fue ideal para nuestros juegos de bailar el trompo, jugar a las canicas o bolas, jugar al boli o a los santos, pues entonces las cajas de cerillas eran de cartón y venían dibujadas caras de futbolistas de la época, de los míticos Zamora, Padrón, Quincoces, Ciriaco, etc., o de ciclistas como Bahamontes y Julio Jiménez. Las chapas o platicos de las cervezas los pedía en el bar del Puga o en el ambigú de Andrés Palomares y lo que más me gustaba era jugar al pincho en los días de lluvia, pues se formaba un barro estupendo en todo el callejón y clavaba el pincho tan maravilloso que me hizo mi Tío Modesto en la Fábrica.
La calle era la bandera que enarbolábamos en las peleas entre barrios. Los retos se decidían en los recreos o cuando terminaban las clases; los combates, en el postigo principalmente. Algunas disputas se solventaron por la fuerza de las piedras. Las pedreas las celebrábamos a la salida de la escuela. No había modo de esperar. Aunque las originaban las discusiones y las riñas entre dos chicos de calles diferentes, acababan por concernirnos a todos los de la misma calle, siempre dije que mi Primo Pepe Luis era el más capaz, el más valiente y por supuesto el más herido.
Mi hermana Amparo y amigas jugaban a la comba, desde el inocente “cochecito leré” o “al pasar la barca”, así como a la rayuela, según la edad o pericia.
El cine era la principal distracción en el pueblo, entonces sin TV, claro, y sin poder sintonizar apenas emisoras de radio, salvo “Radio Nacional" para escuchar "el parte" y las radionovelas que oía mi Abuela.
Los vecinos, más que vecinos eran casi familia, pues las vivencias eran comunes y compartidas por todo el callejón, matanzas del cerdo, nacimientos, bautizos, etc. María, Adela, Carmen, Teresica, Paqui, Pilar, todos nombres pegados en mi memoria.
Muchas tardes una de las distracciones más agradables era ver a toda la gente pasar por el callejón para ir a por agua a la fuente de Andrés Díaz, cántaros, tinajas, garrafas, eran de uso común, pues aun el plástico no había llegado a Salobreña.
Siempre que echo la vista atrás, veo a mi Abuela sentada en su silla de enea haciendo crochet, pues tenía unas manos prodigiosas para el punto y el crochet. Era pequeña, menuda, liviana, pero tenía un corazón que no le cabía en el pecho, así era mi Abuela Laura.
Siempre fui su ojito derecho, tal vez por ser el Nieto mayor o seguramente por haberme criado en su Casa y en su enaguas, el caso es que los mejores años de mi vida y los mejores recuerdos, esos que nunca se borran de tu alma, los he pasado junto a ella, disfrutando de su cariño y su bondad. Siempre me cuidó y atendió con todo el esmero que se pueda tener con un Crio o un mozalbete, siempre sabía en todo momento cual era mi necesidad o cual era mi gusto.
Hoy mi callejón ya no es tal, pues se ha convertido en una calle de paso, llamada calle Ingenio, y creo que mucho Ingenio hay que tener para no reparar en tanto adelanto que ha transcurrido.
Nunca, sí nunca debieran desaparecer todas las Abuelas Laura del mundo, debieran estar siempre a nuestro lado y conocer a sus Nietos, Biznietos, Tataranietos y así sucesivamente, pues seguro que el mundo sería un poco mejor, estoy convencido.
PD. La foto es muy antigua y deteriorada, pero aseguro que es mi callejón y mi Abuela Laura sentada haciendo crochet, frente a la puerta de la casa.La otra es reciente.
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